500 años de tráfico (Parte 1)

500 años de tráfico (Parte 1)

Alfonso Muralles One comment
Economía

(Publicación de mi autoría en Revista Crónica en octubre 1992, siendo Presidente de la Asociación de Rescate y Conservación de Vida Silvestre -ARCAS- con motivo de los 500 años de la llegada de Colón a América)

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Foto tomada de Blogistar

El 500 aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América se ha convertido en una coyuntura a ser aprovechada y en una oportunidad de expresarse para grupos indigenistas, Iglesia Católica, iglesias protestantes, políticos, y otros.  En América Latina en general, pero especialmente en aquellos países con presencia de población “india”, así llamada por el error original de Colón, el tema de los 500 años ha movilizado expresiones que van desde la celebración por cinco siglos de cristianización hasta la condena por cinco siglos de explotación y sus consecuentes cinco siglos de resistencia.

Estas posiciones altamente politizadas han enfrentado sectores y creado un ambiente que, por ser de confrontación, ha auyentado a otros grupos que también debieran expresarse, con referencia específica a las organizaciones de conservación del medio ambiente o ecologistas.

No es difícil entablar un vínculo entre los 500 años y la conservación.  Basta con echar un vistazo a lo sucedido a Colón durante su primer viaje, teniendo como fuente su diario.  En él, el Almirante describe con asombro la naturaleza que vio, recoge muestras para llevar ante la Corte de los Reyes Católicos, entre las cuales llevaba guacamayas verdes, hoy extintas en Guatemala, pieles de culebras y lagartos de tamaño nunca visto por ojos europeos, dando con ello el banderazo de salida a 500 años de tráfico de especies.

Vale la pena que reflexionemos sobre este hecho.  En su diario, Colón no escatima comentarios de asombro al describir la vegetación exhuberante, las raras y coloridas aves, las doradas pieles de los indios y también los dorados metales con los que se ornamentaban.  Evidentemente extasiado ante tan maravillosa visión, por un lado el Colón investigador y por otro el Colón comandante de real expedición, se dedicó a recoger y coleccionar pruebas que dieran credibilidad a su narración, entre las que incluyó humanos, animales, plantas y metales que, sumadas a fantasiosas leyendas de riquezas, despertaron incontrolables codicias.

¡Cómo sería de ilustrativo el muestrario que, en su segundo viaje, la expedición del Almirante la integraban diecisiete barcos!  Así se convertía el palacio de Ferando e Isabel de Aragón y Castilla en la primera residencia en donde exóticas y decorativas guacamayas eran muestra de riqueza e ignorancia, igual que ahora.

Riqueza que se muestra cuando, independientemente de lo que se pague por las mascotas, se está pagando por poseer en calidad de decoración una vida, teniéndola fuera de su medio, atentando contra todas las reglas de la naturaleza;  cuando los precios son elevados porque, para que una guacamaya llegue a cumplir su función decorativa en un hogar europeo o norteamericano, en el camino mueren su madre y cinco hermanos;  cuando los precios siguen subiendo porque cada vez les es más difícil a los depredadores detectar los nidos, y a las capturas desmedidas se agrega la destrucción de los bosques donde habitan;  cuando no importa que los precios suban, si, para el comprador, guacamaya y vehículo último modelo son símbolo de alta solvencia económica.

La ignorancia se muestra cuando, además de quienes pretenden desconocer todo lo anterior, aparecen aquellos que, en nombre de un amor mal entendido por los animales, se olvidan de que su lugar no es dentro de una jaula, por limpia y bien atendida que se encuentre;  o aquellos que les encanta exhibir naturaleza en calidad de alfombra, objetos de coral o trofeos de caza.

Sigue en la Parte 2

1 Comment

500 años de tráfico (Parte 2 y final) – Opinando sobre Guatemala

octubre 13, 2017 at 10:20 am

[…] Parte 2 de 2 – Ir a la primera parte […]

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